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5 juin

La luz luchaba por hacerse un hueco entre la humareda de aquel tugurio

La luz luchaba por hacerse un hueco entre la humareda de aquel tugurio...

...pero Max no la necesitaba. ¿Para qué? No conocía a nada ni a nadie en aquel tenebroso lugar y, para ser sinceros, no tenía muchos deseos de cambiar aquella triste y solitaria situación. Sólo quería olvidar todo lo que había ocurrido en su vida hasta ese momento. Quería comenzar de nuevo, en una nueva ciudad y sin ningún recuerdo de su vida anterior que pudiera atormentar su conciencia. Lo único que le importaba era aquella cerveza que se encontraba entre sus dedos, fría, inerte y solitaria.

De repente, un rayo de luz blanquecina iluminó el pequeño escenario que había al final de aquel oscuro local, y una voz grave y rotunda anunció:

- Ha llegado el momento más esperado de la noche. Con ustedes: ¡Rubí!

Una dulcísima música comenzó a sonar lentamente. En ese momento, una preciosa mujer de cabellos oscuros y enormes ojos verdes salió al raquítico escenario. El espectacular vaivén de sus caderas le dejó prendado al instante. Un cortísimo vestido dorado del que salían numerosos flecos cubría su cuerpo, marcando detalladamente sus acusadas curvas.

Lentamente, sus pies descalzos fueron descendiendo por la escalera que unía el escenario con la mugrienta alfombra roja, colocada intencionadamente para las noches de espectáculo en aquel lugar. Llevaba prendidas en el cabello unas delicadas flores de azahar que hacían un precioso contraste co sus bucles azabache, y desprendían un embriagador aroma que no dejaba indiferente a cualquiera que lo percibía.

Comenzó a andar entre las mesas, coqueteando con su sensual baile con cualquiera que se encontrara a su lado. De repente, llegó a la mesa de Max. Sus miradas se cruzaron por un instante. Entonces, ella se dio la vuelta depositando las flores azahar de su cabello el el interior del bolsillo de la chaqueta de Max. Él la siguió con la mirada hasta que la música terminó y saludando, se introdujo por una pequeña puerta que había escondido tras unas cortinas del color de sus ojos.

Max tardó un largo rato en volver en sí. Fue como si esa mujer le hubiera hipnotizado, como si su embriagante olor a azahar no le dejara reaccionar. Sus fantásticos ojos verdes no se borraban de su mente. Bruscamente, se levantó, y dejando algunas monedas sobre la mesa, salió casi corriendo de aquel tugurio.

Tras andar un largo rato por las oscuras calles de aquella ciudad, encontró la posada donde pasaría la noche. Entró en la mugrienta habitación, dando un sonoro portazo a la vez que levantaba una espesa nube de polvo. Se dejó caer sobre la cama.

Esos preciosos ojos seguían invadiendo su mente... No conseguía pensar en otra cosa. En ese momento su mano tropezó con las flores que aquella preciosa mujer había introducido en el bolsillo de su chaqueta. Rubí... Tenía que volver a verla.

14 février

....Alzhira....

    Se encontraba dormida cuando sonó el despertador. Débilmente, Alzhira abrió los ojos y miró el reloj tratando de que el tiempo retrocediera tan sólo media hora para poder dormir un poco más. Para su desgracia no fue así y haciendo un gran esfuerzo se sentó en la cama tratando de no caer en la tentación de volver a dormirse. Para levantarse, se apoyó en la almohada y palpándola, se dio cuenta de que todavía estaba húmeda. Tratando de olvidar la razón, se fue al baño, encendió la luz y, mirándose en el espejo, vio sus ojos hinchados... Su imagen se apareció en su mente... ¡No! -se dijo, y se lavó la cara.

    Y así día tras día... No había mañana en la que una sonrisa se dibujara en sus labios o en la que su almohada no estuviera impregnada con restos del llanto nocturno al despertar. No podía aguantar el hecho de ver su cara todas las mañanas, con su permanente sonrisa, que aparentaba indiferencia... ¿Por qué ella no podía mostrarse así, indiferente? ¿Por qué no le imitaba, y trataba de seguir su vida y disfrutar lo máximo posible? ¿Por qué? No, por alguna extraña razón no podía hacerlo...

    A pesar de ello, mucha gente podría decir lo contrario. Vista desde fuera, tenía una vida envidiable. Iba a un colegio carísimo, tenía una casa grande, unos amigos increíbles, una familia, con sus más y sus menos, pero al fin y al cabo encantadora, una educación medianamente buena... y así se podría seguir describiendo durante un largo rato... Y lo peor es que ella era consciente de ello. Sabía que era una egoísta, que no valoraba lo que tenía, pero... aún así no encontraba el sentido de su vida...

    Ella siempre fue una chica normal, con una vida normal, con los problemas y preocupaciones de una chica normal, hasta que un día se fijó en él... No era especialmente guapo o especialmente simpático ni siquiera había intercambiado más de dos palabras con él, pero, como se suele decir en estos casos, tenía algo... Pasó un tiempo en el que estuvo al margen de todo, aunque pendiente en todo momento de sus movimientos; dichosa en sus alegrías, triste en sus desengaños, pero siempre atenta. Hasta que cierto día comenzaron a hablar y él se fijó en ella... Hablaban todos los días, él le preguntaba y se preocupaba por ella, tenían largas conversaciones sobre nada en especial, se contaban todo... Todo fue nuevo para ella, y a la vez precioso... Vivía como en un sueño, del que no esperaba despertar nunca, aunque fue mucho más pronto de lo que ella deseaba...

    Pronto comenzaron los problemas, enfados, preocupaciones, rabietas, decepciones, llantos... Noches enteras pensando y tratando de elegir si merecía la pena seguir luchando por conseguir aquella ilusión...

    Hasta que llegó un día en que reunió las fuerzas necesarias y acabó con todo... Tiró por la borda el camino hacia su mayor ilusión. No podía seguir aguantando el daño que le hacía, prefería el que se hacía ella a sí misma, al que ya estaba acostumbrada.

    Aún así, en su corazón existía un sentimiento de arrepentimiento que la ahogaba... Quería llamarle y decirle lo siento, quería pedirle por favor que se dieran una nueva oportunidad... Cuando vino alguien que la abrió los ojos. Su corazón se rompió, es cierto, pero le abrió los ojos por fin... Por fin vio que todo aquello había sido una simple ilusión, un precioso palacio de cristal que ella había construido, rodeada de una frágil burbuja de cristal que no le permitía ver más allá de aquel majestuoso edificio hecho de sueños y falsas esperanzas... Mas en su corazón todavía quedaba la esperanza de que un lo siento calmara sus ganas de morir, pero no lo consiguió... Sólo obtuvo monosílabos sin sentido acompañados del duro silencio que evoca el sentimiento de culpabilidad, que no sólo rompieron aquella pequeña burbuja de cristal, sino que también consiguió derrumbar su maravilloso palacio de cristal y que cada uno de sus pedacitos cristalinos brotara de sus ojos en forma de lágrima...

    Desde aquel horrible día todo había sido así, negro, triste, vacío...

 

 

27 décembre

SUEÑOS Y ESPERANZAS

Sueños y esperanzas

Todos los días se iban a la costa y fijaban sus ojos en ese horizonte lejano. Allí se llevaban mucho tiempo soñando con que algún día se vieran atravesando el estrecho de Gibraltar, que los llevaría a la liberación.
Su país era hermoso, pero esa belleza no la podían disfrutar. Hambre… miseria… humillación… eran sus compañeras diariamente. Esas eran muchas de las cosas que les impedían ver ese paisaje de palmeras y esas costas de arenas rubias como el trigo en primavera. Playas que eran visitadas por esos turistas que venían de Europa, de España concretamente, de la tierra de sus sueños y esperanzas.
Abdul y Fátima, hablaban de sus miedos. No tanto por ellos, sino por el fruto de su amor que llevaba ella en su vientre.

- Abdul, no quiero que nuestro hijo nazca en esta miseria… - Le decía ella - Quiero que vea el amanecer con la esperanza de que el día es hermoso.-
- Sí Fátima, Alá está con nosotros y algún día nuestras ilusiones, Él las convertirá en realidad.

Y así día tras día miraban el horizonte… sobre todo esos días en que el sol lucía como nunca y el cielo estaba despejado y claro, dejando ver la costa europea que tanto ansiaban.
Un día llegó Abdul más temprano que de costumbre. Se adivinaba la alegría en su rostro:

- Fátima… podemos hacerlo. Nos marcharemos y nuestro hijo nacerá allí donde la vida sonríe… Donde la miseria, no es miseria, porque no se pasa hambre ni frío… Donde siempre hay pan y un techo para cobijarse.
Los ojos de ella brillaban… pero solo fue unos instantes, porque rápidamente se fijaron en su abultado vientre, que denotaba su avanzado estado de gestación.

- ¿ Lo pondremos en peligro? Le decía…

Llevaban tiempo tratando de reunir los suficientes "dirham" para comprar esas dos plazas en una de esas barcas clandestinas que los conducirían a la tierra de sus sueños.

- No temas Fátima, solo son unas horas y Alá velará por nosotros .

Llegó el día deseado. Se empezaba a vislumbrar la claridad por el orto, cuando vieron que allí estaba aquella barcaza grande esperándoles en la playa. La mayoría de los que emprendían este viaje eran hombres, algunos muy jóvenes y ella la única mujer y por demás embarazada. El patrón de la barca la miró con recelo…
- Para cuando espera al chico? - Aún le quedan dos meses - Mintió Abdul -

Ocultó que a Fátima solo le quedaban días para que naciera su criatura.

- Podría traernos complicaciones si se pone de parto - Protestó el patrón - pero bueno si son dos meses no habrá problemas.

El mar estaba liso. Su color verde azulado les hacía sentirse tranquilos, transmitiéndoles esperanzas.
Estaban de suerte. Ese día veinticuatro de Diciembre no había lanchas de vigilancias y desembarcaron en una playa. Las órdenes eran que procuraran permanecer ocultos hasta el anochecer donde se desperdigarían para no ser atrapados. Ya cada uno era responsable de su destino.
Abdul y Fátima, así lo hicieron, permanecieron escondidos tras unos matorrales del bosque de pinos que estaba cerca de la playa donde habían desembarcado.
Al llegar la noche se pusieron a caminar. Cuando llevaban una hora caminando, la cara se le contrajo a Fátima y se arrodilló en el suelo retorciéndose de dolor y sintió que algo se rompía en sus entrañas. Algo viscoso empapaba su túnica. Los dos comprendieron que el momento del parto había llegado y un miedo atroz se apoderó de ellos.
Abdul miraba a su alrededor. Quería buscar un refugio. Hacía frío y Fátima temblaba de pánico y dolor. Eran dolores intermitentes que cada vez eran menos espaciados.
De pronto se dio cuenta de que no muy lejos había luz… ¡Sí alguien había cerca, y como pudieron, se encaminaron hacia allá, parando cada vez que el dolor arreciaba. Conforme se iban acercando oían cantos con panderetas que salían de aquella casa:

Es noche de navidad
Un niño nos va a nacer
No quiere oro ni mirra
Solo cobijado ser…

Abdul sabía bien que si lo descubrían, lo podían apresar y devolverlos de nuevo a la miseria, pero miró a Fátima y no lo dudó. Llamó y la puerta se abrió, apareciendo la cara sorprendida de un hombre, que no sabía que hacer. Solo los gritos de dolor de Fátima le hicieron reaccionar:

- Ven Ana … ven rápido

Tras darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, recogieron a la mujer, casi una niña y la entraron en la casa, en una habitación cerca de la cocina.
Abdul ayudaba en lo que podía a aquél hombre… agua caliente… sabanas … Todo lo que Ana les iba pidiendo.
Sonaban las doce campanadas en el reloj del salón cuando se oyó el llanto de un niño.
Abdul no pudo contener la emoción tantas horas contenidas y con los ojos llenos de lágrimas corrió hacia donde estaba ese nuevo ser junto con la mujer que amaba.
Como en Belén hace dos mil años, un niño acababa de nacer.
Ana y su marido se miraban orgullosos y desviando la vista hacia las figuras del portal que estaba en una mesita bajo el árbol, vio como el niño que estaba en la cuna les sonreía.
Con alegría Abdul y Fátima escuchaban lo que les decía aquellas personas que Alá les había puesto en su camino:

Ese niño que acababa de nacer les traía la felicidad. Su hijo al nacer en España era ciudadano español y por lo tanto podían obtener ellos también la misma nacionalidad legalmente.
Nunca olvidarían aquella madrugada fría en la costa española, donde el milagro soñado se había producido.
Todos estaban felices. Mientras, en la TV sonaban esas canciones que Abdul y Fátima no entendían, pero sí Ana y su marido que se miraron llenos de satisfacción:

"Noche de paz…
Noche de amor
En Belén nace Dios…
Y los ángeles cantando están..
Gloria a Dios… Gloria al rey celestial…